La tarde en que fui contrarrevolucionario


Por Oscar Figueredo Reinaldo

loquitoA pesar de estar parada por más de dos horas esperando aquella dichosa guagua que nunca pasó, aquella mujer cincuentona no paraba de hablar. Con su pañuelo en la cabeza y su java en la mano, esperaba impaciente bajo la lluvia y los truenos de la tarde, luego de culminar su trabajo que nunca logré adivinar.

Por más chabacana que resultaran sus palabras era el único “alivio” para las más de 30 personas que esperábamos la ruta 114, de la terminal de Palatino. Se quejó de la demora injustificada de la guagua, de los descarados de su barrio y finalmente, claro finalmente, “habló pestes” -como se dice en buen cubano cuando alguien habla mal de algo- sobre la revolución.

Más que molestarme, preferí escuchar atentamente las palabras de aquella mulata brava, que sin pena alguna “deleitaba” a todos con sus razones. “Para qué coger lucha, si esta jodedera ya tiene 54 años”, interpeló a otro adulto que lanzaba sus súplicas al aire.

Sí, culpaba a la revolución por tanta demora y tanta espera, por tanta irregularidad e indisciplina, por tanta falta de ética y profesionalismo. Quizás olvidaba por momento la educación o la salud gratuita, o tantas otras conquistas que tiene la revolución cubana, pero me pregunto, ¿acaso es culpable?

No, sinceramente creo que no. Aunque en los últimos años se especule de la existencia de “Cubanos ricos” ya sea por tener familiares afuera, o por los dichosos y redentores de la economía cubana, los mal llamados “cuentapropistas”, todavía somos muchos los que a diario tenemos que coger una o múltiples guaguas para poder llegar a nuestros centros laborales o estudiantiles. Los que al llegar a una tienda tenemos que soportar infinitas colas o malos tratos por la dependienta o que a los dos días de haber cogido “el pollo por pescado” en la bodega tengamos que salir a las calles para ver que se nos pega, o mejor dicho, a que nos pegamos para estirar la necesaria pero insuficiente cuota mensual que nos ofrecen por la bodega.

Por saber esta y otras razones no la culpo. Quizás para los más dogmáticos “le he cedido una victoria al enemigo pues he callado y no he defendido a la sociedad que me lo ha dado todo”, quizás me tilden de flojo o de cobarde, pero no lo soy.

Esta vez preferí escuchar como bien te lo enseñan en la facultad de periodismo, preferí entender a la gente que me rodea para poder escribir mirando hacia abajo y no hacia arriba.

Para los que nos miran con malas intenciones, sean de donde sean,  estas noticias son buenas. Se dirán por dentro “cómo está la sociedad cubana, un par de años y eso se cae solito, solito… hasta el joven comunista ya no se busca problemas” Sin embargo no es así.

No creo que esa mujer sea contrarrevolucionaria por haber culpado a su revolución de los errores que se cometen a lo interno. Todo lo contrario, la veo más bien como una luchadora- entiéndase que hablo de las que se sacrifican cada día, no la otra acepción más popular del término que ha convertido a la lucha en el “Arte” del robo- . La veo como una mujer valiente, como las tantas que trabajan cada día a pesar de lo injusto de los salarios para alimentar con lo mejor que tengan a sus hijos. Ella es un ejemplo de que aunque muy fuerte sean los vientos prefieren seguir en el barco y no saltar a la orilla para encontrar la “fruta anhelada”- y permítanme otra digresión. No me refiero a los miles de cubanos que han abandonado a la Isla en busca de mejorar su nivel de vida, pero que defienden con capa y espada a la Isla que los vio nacer. Sino a aquellos que además de abandonar el barco ante las tormentas, solo irradian odio contra sus propios compatriotas.

Si algo está claro en estos momentos, es que la barriga y la mente ya  no se llenan  solo con ideas, con consignas revolucionarias o marchas del pueblo combatientes. El pueblo cubano confía en su revolución pero repudia a los que descaradamente viven de ella, como los directivos, por ejemplo, de esa guagua desconocida por miles, pero tan necesarias para otros pocos, que dejó de circular por más de dos horas y media por la “gracia de dios”.  Odiamos ese escalón intermedio, maldito escalón intermedio… que hace que la quejas se evaporen sin llegar a la cima.

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Acerca de sentirjoven91

Comencé a soñar con el periodismo sin darme cuenta, cuando solo era un infante. Mi abuelo me abría las puertas de este mundo cuando pensaba realmente en ser maquinista de un tren. Estudio periodismo en la Universidad de La Habana, Cuba. Colaboro con el espacio informativo Mesa Redonda y Con el Sitio Cubadebate.
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4 respuestas a La tarde en que fui contrarrevolucionario

  1. Luyanó dijo:

    Es un comentario muy a lo actual, donde nadie se esconde para decir lo que tiene que decir sin dejar de defender esta revolución, la que en mi opinión ha tenido más aciertos y virtudes que defectos pero que, con el actuar de unos cuantos han hecho que se hayan perdido muchas cosas importantes entre ellas el respeto a los demás el que se manifiesta a través de tu trabajo, es un todo dejar de hacer si total no pasa na.
    Así lo vemos no solo en la cola de la guagua, como te sucedió, también lo vemos en la del pan, la electricidad, la matricula de la escuela, la recepcionista que primero tiene que terminar de hablar con la amiga, contándole el último romance “con pelos y señales” para después tratarte con mala cara porque estabas parada delante de ella y escuchabas su conversación….. En fin…. yo también me he sentido en ocasiones con deseos de gritarle a alguien en su cara que me está maltratando pero…. pienso…. si lo hago entonces me niegan el servicio (forma actual de venganza) o sencillamente me dicen “no hay, lo sentimos” pero con una cara de “lo tengo pero como protestaste y me pusiste malo el día, NO TE LO DOY”.
    Oye Oscar, aquí hay tela por donde cortar…..

  2. Yohanka Leon dijo:

    Gracias Oscar sobre todo por esta frase “preferí entender a la gente que me rodea para poder escribir mirando hacia abajo y no hacia arriba”, te leo y aprendo… la profe..

  3. Victor dijo:

    Excelente reflexión la de este joven, escuchar es siempre mejor que juzgar…….puede que el enfoque de la señora este un poco distorsionado o falta de “profundidad” pero lo cierto es que representan los clamores, preocupaciones y “encabronamientos” de muchos. Lo positivo, que podemos ver la paja (o la viga) en el ojo propio…….y DARLE SOLUCIONES…….

  4. Fanny dijo:

    Excelente reflexión , creí que solo era aquí en Venezuela la de esperar a que las o los empleados (as) terminen de contar su historia para luego de mala manera atender al público, público este cansado de esperar, o de que terminen sus tertulias por el celular y eso se ha convertido ya en costumbre tanto para los entes públicos como privados, cajeras de supermercados que luego de esperar que ellas terminen de pasar sus pin por el celular, seguir esperando a que terminen sus luchas para poder marcar los precios de los productos ya que sus uñas (postizas) son tan largas que no se como pueden usarlas para otras necesidades…y ay si se les dice algo, casi que te matan con la mirada o se dan el lujo de tardarse lo más que puedan…

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