Política vs Ética: Luces, cámaras, manipulación (I)


Por Oscar Figueredo Reinaldo

Mientras el médico construye su ética alrededor de la vida y el abogado en torno de la justicia, el periodista lo hace sobre la base de la verdad. Los demás valores están subordinados a ella.

Javier Darío Restrepo

bloqueoDesde que comencé esta carrera (el periodismo), o mejor dicho, desde antes, siempre he oído escuchar la frase de que somos una plaza sitiada. Al principio solo pensé que se relacionaba  con el hecho del bloqueo comercial y financiero pero más tarde, con el pasar de los años, me he dado cuenta que la cosa va mucho más allá de eso y se relaciona nada más y nada menos que con el campo de las comunicaciones.

A muchos colegas periodistas su sola mención les hace perder la cabeza, pues muchos hemos sufrido con el dichosos temita las más reacias posiciones en contra de algún artículo con un matiz crítico bajo el pretexto de que toda  o que casi toda la información que se produce en la isla es manipulada luego a través de los medios internacionales de prensa.

Pero para no perder el objetivo del post que no es analizar hasta qué punto esta cuestión puede servir como elemento regulador o mejor dicho de censura para los que escribimos dentro de Cuba sino tipificar como es en realidad ese grado de manipulación y hasta qué punto son renegados los más elementales principios éticos dentro del periodismo propongo analizar algunas publicaciones de esos medios que se dicen llamar, o que tal vez son los más influyentes en el mundo de la comunicación y que lastimosamente construyen en su mayoría una imagen borrosa de nuestro país, cargada muchas veces de estereotipos que impiden visibilizar la realidad cubana.

Increíblemente, y digo increíblemente con toda intencionalidad, en pleno siglo XXI lacrisis de los misiless únicas  pistas que muchos ciudadanos en el mundo tienen sobre la isla caribeña está enmarcada en la idea de que somos el lugar desde donde casi se genera la tercera guerra mundial en 1962, el desecho de un sistema comunista que demostró a todas luces su inutilidad, o el sitio donde un único partido  dirigido por más de 50 años por los dictadores hermanos Castros, someten contra su voluntad a millones de cubanos desprovistos de los más elementales  derechos .

Quizás esta pueda parecer una manera muy reduccionista de aproximarse a las visones que sobre Cuba tienen millones de personas en el mundo, principalmente los norteamericanos; visiones mediadas por condiciones socio-históricas muy particulares y también por la cobertura mediática realizada a veces por los periodistas o por quienes se dicen ser periodistas a través de la construcción de noticias a partir de absurdas mentiras  o verdades a medias, parcializadas por interese políticos o económicos, pero que al fin y al cabo son mentiras  por lo cual presupone un estudio desde el punto de vista ético de nuestra profesión. ¿Acaso la política puede borrar los fundamentos de la ética  periodística?

Para dar respuesta a esta pregunta analizaremos algunos fragmentos de publicaciones de distintos medios de prensas internacionales, cuya matriz informativa sea el tema Cuba para develar hasta qué punto las ideologías o  tendencia políticas  pueden borrar o no las normas de nuestro deber ser como profesionales y como ciudadanos. Así mismo haremos un repaso sobre algunos temas que han “marcado pauta” dentro de las publicaciones contra Cuba a lo largo de los últimos años.

¿Jura decir la verdad, solo la verdad y nada más que la verdad?

Comenzaremos con el presupuesto  de la veracidad por  lo cardinal de la  misma, además por ser a mi juicio el elemento más vilipendiado en la construcción periodística sobre Cuba, pues como veremos más adelante en este post a través del análisis de varias publicaciones y coberturas de medios de prensa a temas particulares sobre nuestro país, este elemento es la piedra angular para la manipulación desmedida.

Como bien reconoce el código de ética de la UNESCO en su artículo 1 referente a este tópico  y cito:

“La tarea primordial del periodista es proporcionar una información verídica y auténtica con la adhesión honesta a la realidad objetiva, situando conscientemente los hechos en su contexto adecuado, manifestando sus relaciones esenciales -sin que ello entrañe distorsiones-, y empleando toda la capacidad creativa del profesional a fin de que el público reciba un material apropiado que le permita formarse una imagen precisa y coherente del mundo, donde el origen, naturaleza y esencia de los acontecimientos, procesos y situaciones sean comprendidos de la manera más objetiva posible.” (Unesco: 1983)

Sin embargo es esta propia “adhesión honesta a la realidad objetiva”  la que es violada como en el siguiente caso, y aunque sé que este tema es una cosa bien seria, a mí me resulta particularmente graciosa por el modo en que es retocada nuestra realidad.

Según relata Vincenzo Basile, en su blog Capítulo Cubano  de manera excelente y cito

“El pasado 30 de noviembre de 2012, el diario español El País publicaba un texto en la sección especial ‘El Viajero’, escrito por Ángel Rupérez y titulado “Dos ciudades en claroscuro”. Los dos centros urbanos objeto de la reflexión eran, en concreto, La Habana y Ciudad de México (México DF).

Tras sólo pocas líneas, quedaba evidente el intento del artículo de Rupérez: transformar un relato de viaje en un banal e insípido panfleto político para atacar y demonizar, con todo tipo de exageraciones y manipulaciones, el gobierno de Cuba. Pero no solamente esto. Además, como siempre en estos casos, se enfatizaban todos los problemas sociales de la capital cubana mientras que los también numerosos problemas de Ciudad de México apenas se mencionaban. Todo eso con una clara y manifiesta postura contrarrevolucionaria y un evidente doble rasero.

En ese sentido, Rupérez calificaba La Habana de “asombroso espectáculo de degradación urbana que algunos consideran una expresión de la belleza”, sobre todo el hecho de que “las casas multicolores estén a punto de derrumbarse”. El autor se preguntaba retóricamente si eso sucede “porque en ningún caso el viajero tendrá que vivir en ningunos de esos antros que pueden verse desde la calle en los que, por ejemplo, una viejecita, rodeada de miseria, prepara su cena”. Los carros cubanos los calificaba de “movientes esculturas de otro tiempo, el fondo de una manifiesta expresión de la ruina absoluta”. “Así es La Habana”, añadía Rupérez, “una extraña mezcla de fascinación e indignación a partes iguales”.

Caminando por las calles, el autor definía “las plazas la Habana Vieja (Patrimonio de la Humanidad) de fascinantes, pero a la vuelta de la esquina reaparece la lepra, y el ánimo vuelve a derrumbarse.” En estas calles “dos cubanos claman contra la pobreza y la falta de libertad”. “En pleno centro”, agregaba Rupérez, “detienen a dos jóvenes anticastristas en medio de un revuelvo mísero y deprimente. Vuelve a derrumbarse el ánimo”. Concluía que “la Plaza de la Revolución (usurpado José Martí, no mereces ese destino) es una inhóspita explanada, achicharrada por el sol, donde Castro (ese hombre) se celebraba a sí mismo, como buen dictador”. Finalmente, el periodista reconocía que La Habana es una ciudad segura, pero justificaba esta seguridad con el hecho de que “hay mucha policía en las calles, y cámaras que vigilan”, algo que extrañamente el autor no habrá notado nunca por las calles españolas…

Éste era el relato de La Habana y de sus barrios. Un relato claramente más que negativo donde un lector que no conoce ni imagina el real aspecto de la capital cubana podría fácilmente caer en una completa desolación frente a una imagen catastrófica y casi apocalíptica de la mayor ciudad de la Isla. Pero no se trataba sólo de esto. Además de resultar evidentemente exagerado en su cuento de viaje habanero, Rupérez caía en una banal parcialidad cuando se trataba de relatar su experiencia en México.”

Ejemplos como este que acabamos de analizar son muestra fehaciente a mi juicio de la falta de ética e correspondencia del apego a la veracidad. Sin embargo el dilema no queda en este punto de mi interpretación sino que trabajos periodísticos como este, contraviene las propias normas éticas enunciadas por el diario español “El país” y cito:

“La primera misión de un periódico es decir la verdad tan fielmente como la verdad pueda ser comprobada. En la búsqueda de la verdad, el periódico debe estar preparado incluso para sacrificar sus propias posiciones, si tal cosa es necesaria para el interés público”. (Taufic: 2005)

Cuba también tiene sus pinochos… había una vez un Kelley

Los casos de fraude dentro del periodismo norteamericano han golpeado la credibilidad de varios de sus medios. Desde Janet Cook, hasta Jayson Blair y Judith Miller, los chicos del periodismo estadounidense han dejado una huella negativa en la historia. Uno de los últimos escándalos de fraude también estuvo relacionado, de cierta forma, con el tratamiento de una supuesta noticia proveniente de Cuba por parte de unos de los periodistas estrellas de un prestigioso medio.

Jack kelleyJack Kelley, de 43 años, llevaba más de dos décadas escribiendo para el USA Today, uno de los cinco periódicos de mayor circulación nacional. Kelley había sido nada más y nada menos propuesto cinco veces para el premio Pulitzer; aunque nunca lo pudo obtener. Era considerado uno de los mejores periodistas del staff. Esa imagen se derrumbó por completo cuando una investigación determinó que Kelley también era un mentiroso.

Entre 1993 y 2003, Kelley inventó cientos de relatos sensacionales. Como por azar, siempre estaba en el lugar donde ocurrían los hechos, de los cuales obtenía historias excepcionales y apasionantes (Ramonet, en Masjuán: 2009)

“una amplia investigación ha desvelado que los pecados periodísticos de Kelley fueron muchos y variados”, confesó el diario en su editorial. “ contrariamente a lo que publicó, Kelley no pasó ni una noche con terroristas egipcios en 1997; ni conoció a un colono judío llamado Avi Shapiro, en 2001, ni a un estudiante paquistaní que le mostró las fotos de las torres Sears de Chicago,  ni tampoco participó en la captura de Bin Laden” (Ramonet, en Masjuán 2009)

En febrero de 2000, Kelley escribió una historia sobre la supuesta muerte de un grupo de emigrantes ilegales cubanos que navegaban hacia la Florida y que naufragaron a causa de una tormenta. El artículo iba  acompañado  de la foto de una joven cubana, identificada como Jacqueline. El autor de la foto también era Kelley quien la había tomado poco antes de que la muchacha perdiera la vida en el mar. Varios medios reprodujeron la historia entre ellos el Reader Digest.

Según declaraciones de Ricardo Alarcón (Alarcón: 2004) cada dato de esta historia era falso. Las pesquisas del USA Today probaron que ese día no hubo tal intento migratorio ni naufragio alguno, que esa noche no hubo tormenta, la mar estaba en calma y para que fuera falso hasta el último detalle, Jacqueline… no es Jacqueline. Se llama Yamilet y aparece en la explicación que ofrece el diario norteamericano, viva y saludable, sosteniendo entre sus manos la famosa foto que le tomó Kelley… en el balcón de su casa. Tanto ella y su esposo que vivían en los Estados Unidos y habían migrado tranquila y legalmente en avión, en un vuelo de menos de cincuenta minutos, se quejaron amargamente del absurdo embuste.

Para colmo, en las entrevistas, Jack Kelley negó haber cometido  errores en su trabajo. “tengo la impresión de que me están tendiendo una trampa. Nunca he fabricado nada”, declaró. Pero los directivos del periódico no le creyeron nada y, junto con él despidieron a la directora de la redacción, Karen Jurguensen, y otros dos altos directivos Brian Gallagher, su adjunto, y Hal Ritter, responsable de la información.

Bibliografía citada y consultada:
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Acerca de sentirjoven91

Comencé a soñar con el periodismo sin darme cuenta, cuando solo era un infante. Mi abuelo me abría las puertas de este mundo cuando pensaba realmente en ser maquinista de un tren. Estudio periodismo en la Universidad de La Habana, Cuba. Colaboro con el espacio informativo Mesa Redonda y Con el Sitio Cubadebate.
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