¿Estás seguro de que participamos? (II)


Las siguinetes intervenciones son anónimas y estan recogidas en el libro Poder Vivir en Cuba.

Sociedad Civil + cuba

Participar es formar parte de un proceso, tener un papel en la toma de decisiones que a cada cual le conciernen y ser protagonistas en una escala de situaciones que comparten siempre un denominador común: sentir que cada persona influye en la determinación del curso de ese proceso.

EL LUGAR DONDE ESTOY

Para empezar, una hipótesis:

Si mi ―participación sirve para confirmar un curso que se ha preestablecido por las instancias que lo controlan, ajenas a mí, entonces no participo. Desde tal hipótesis, estas son algunas de las situaciones que puedo calificar como ―participación protagónica.

Durante el III Congreso de la FEU hubo un momento en que Felipe Pérez Roque, entonces su presidente, informó sobre medidas que se habían estado exigiendo en el proceso previo al Congreso. En ese instante, la delegación de la Universidad de La Habana se paró y aplaudió, al sentirse escuchada por la dirección del país.

Durante el pasado Festival de Cine de la Habana, los estudiantes de la Facultad de Artes y Medios de Comunicación no tenían, por primera vez, credenciales para el Festival, y se las reclamaron a la dirección del Instituto y de la Facultad. Se les propuso que se organizaran, que participaran en la solución del problema: lo hicieron y lo lograron. Algo similar ha sucedido con los medios informáticos, en los que por la gestión de los propios estudiantes ha mejorado el acceso y la calidad a sus servicios.

Como pocas veces sentí que había participado activamente en la solución de un problema: ante la necesidad de arreglar el motor de agua de mi edificio, se tomaron las decisiones en colectivo y el problema estuvo resuelto de modo increíblemente veloz.

Me sentí protagonista colaborando con el impulso de una olla comunitaria y la creación de una guardería en una comunidad desplazada en Colombia.

Soy profesor y me ha hecho sentir que participo de manera activa la creación y el sostenimiento de una lista de difusión del pensamiento social de izquierda.

En 1982 la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) convocó a un trabajo voluntario en la que era entonces mi escuela, para pintarla en una madrugada. De no hacerlo esa noche perdíamos la pintura. Participé de manera voluntaria y con gran sentido de pertenencia e identidad con mi escuela.

Tuve una importante experiencia de debate con una delegada municipal del Poder Popular:12 construimos juntos la agenda de la reunión de rendición de cuentas, diferente a la que venía pautada y de mayor interés para los que participarían en ella.

En 2003 participé en la organización de una marcha, sin respaldo institucional, contra la guerra en Irak. Fui cuestionado con fuerza, con el único argumento de que el país no había declarado su postura ante esos acontecimientos. Debíamos esperar a que el gobierno se pronunciara, y a que una organización oficial convocara a repudiar la agresión imperialista. En ningún caso estaba permitido hacerlo desde nosotros, los ciudadanos, pero lo hicimos.

Manifesté mis divergencias sobre lo que se estaba discutiendo en la asamblea del Congreso de la FEU y me sentí apoyado por el estudiantado presente en la misma: lo sentí como una experiencia de participación colectiva.

Sentí que participaba en una reunión del Poder Popular, al confrontar a un dirigente.

Dije en público lo que pensaba cuando el llamamiento de Raúl Castro en julio de 2007:13 me saqué de adentro muchas cosas que tenía guardadas. Fue mi manera de sentir que participaba.

Siento que participo cuando lo hago sin tener que estar autorizado para ello, cuando contribuyo a la solución de problemas diciendo la verdad cara a cara.

Soy un latinoamericano que estudia en Cuba. En mi país no se propicia el diálogo, ejercer la ciudadanía es un hecho por el cual puedes ser perseguido y hasta encarcelado. He encontrado un gran contraste a este respecto en Cuba, donde veo maneras y posibilidades distintas de participar.

En el extremo opuesto, siento que la participación es trocada por ―involucramiento forzoso‖ cuando no puedo participar de la configuración del proceso, cuando ni sus normas de funcionamiento ni sus fines han sido consensuados conmigo, y se me pide adherirme a un proceso diseñado en su totalidad por otras personas. Esto sucede con independencia de que comparta o no los medios y/o los fines de dicho proceso. Los escenarios siguientes dan cuenta de lo que puedo considerar ―involucramiento forzoso‖.

Asisto por inercia a reuniones de los CDR14 en las que no se conoce la agenda de discusión ni se decide sobre nada.

Realizo muchas tareas a partir de convocatorias que no me movilizan.

Participo en trabajos voluntarios forzados, que no responden a necesidades de los que están presentes. Acudo a reuniones en las que los asistentes solo están pendientes del reloj para irse.

Asistí a la presentación de un libro en la que se opinó sobre cuestiones con las que no concordaba y no pude participar de la discusión para contradecir errores de cómo se contaba la historia de mi propio país, Chile.

Fui a una reunión de extranjeros en la que la agenda estaba previamente conformada y que se alargó lo suficiente como para que no existiera posibilidad de incluir en la discusión puntos que yo traía y que me parecía importante tratar.

En mi función de cuadro de la UJC en la escuela de venezolanos de la CUJAE15 tuve que seguir directrices que no se avenían con mis intereses ni formas de pensar. ¿La participación es formar parte del poder o será solo seguir lo que se decida desde el poder? Entenderla de esta última manera me ha hecho vivir frustraciones continuas.

El Primero de Mayo de 2009 un grupo de estudiantes y de jóvenes cubanos quiso mostrar su presencia con consignas socialistas que expresaban necesidades no dependientes de las consignas oficiales; ante el mal tratamiento que recibimos por parte de las autoridades, tuve una sensación de imposibilidad, de coartación de intentos de pensar y expresarme de modo auténtico.

Durante el VI Congreso de la FEU escuché a los participantes defender cuestiones que no expresaban la realidad del estudiantado.

A partir de 1971 fui profesor en una escuela al campo durante ocho años. En 1978 se realizó el Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes. Se decía que para ser delegado había que vivir en la localidad. Yo vivía en La Habana y no pude serlo: fue una experiencia de mucha frustración, pues una parte de mi vida la había dejado en esa escuela participando con toda intensidad. Recorría 52 kilómetros todos los días.

Sin embargo, se puede llamar a un proceso de participación desde convocatorias que no tomen en cuenta, en principio, la particular manera que tienen las personas que intervienen de entender sus problemas y sus soluciones, pero que, aun así, hagan sentir la utilidad y el sentido de participar y que reine el espíritu y la gratificación de ser parte de la acción convocada. Ello ocurre en diversos contextos.

A veces se convoca y uno tiene que ir, pero lo hace participando activamente: tengo la mejor opinión de cuando fui maestro voluntario.

La experiencia de las Brigadas Universitarias de Trabajo Social19 —recuerdo aquella de las 36 preguntas–20 me permitió conocer mi entorno de un modo muy productivo.

Recuerdo mi experiencia como una de las integrantes del secretariado nacional de la FEEM: tuve que salir de mi provincia, pero fue una experiencia muy importante en mi vida cuando era todavía muy joven.

Puedo recordar la experiencia de ir a Jagüey Grande a dar clases de español a estudiantes del Caribe. Fue muy gratificante para mí participar en ella.

Algo similar me ocurrió con el Censo de Población y Vivienda de 2002. Me dio la oportunidad de conocer a las personas del lugar donde yo residía y ver cómo vivían.

Ahora, ¿es calificable este comportamiento como participación? Podría ser calificado como ―participación funcional‖, lo que supone una integración expresiva de conformidad con el status quo, en el cual quien participa acepta los valores contenidos en el proceso y en sus medios. Sin embargo, los límites de este tipo de participación se revelan cuando se ponen en relación con la problemática de la ciudadanía. La realización de la ciudadanía está enlazada a la participación ―decisoria‖.

Su ejercicio supone la capacidad para combatir las dimensiones de desigualdad —política, económica, social, cultural, entre otras— que atraviesan el cuerpo social, pues la ciudadanía equivale a la producción continua de igualdad y libertad recíprocas para los/as ciudadanos/as. La participación no sigue, entonces, metas sobre el ―bien común‖, definidas ―arriba‖ y distribuidas hacia ―abajo‖, sino recreadas de continuo por la propia participación, esto es, por la posibilidad de reelaborar el contenido de la política, tras incorporar a las prácticas y a sus discursos nuevos medios y fines o modificaciones de estos. Sin participación, la ciudadanía no puede desarrollar sus contenidos.

La participación articula un plano horizontal, regulado por la redistribución de autoridades, desde el cual se hace posible el reconocimiento de ―bienes comunes‖, en plural, y de un marco legítimo para procesarlos. El ejercicio ciudadano es participación y pasa por la autoconciencia de la ciudadanía.

Luego, me siento ciudadano/a si:

Puedo decir lo que pienso sin problemas, como en los primeros años de la Revolución, cuando pude sentirme protagonista en ese espacio histórico convulso

Tengo derecho a elegir dónde, cuándo y cómo participo

Me siento representada por algunas instancias, tras las cosas que hago por y en ellas

Participo activamente y por voluntad propia

Asisto al espacio político de discusión creado por este taller

Puedo involucrarme con otros/as a nivel comunitario.

Por ello, me he sentido ciudadano/a en estas experiencias:

Participar en la guerra de Angola.

Ir a la Plaza cuando llegaron los restos del Che.

Asistir como voluntario rescatista a una zona dañada por un huracán.

Recorrer en ―guerrillas toda la isla.

Participar en los debates de la revista Temas.

Ver aceptada una propuesta laboral diseñada por mí para mi centro de trabajo.

El Encuentro Nacional de Educadores Populares.

La campaña por el regreso del niño Elián.

Las movilizaciones por el día Primero de Mayo, porque estoy a favor de la solidaridad con los obreros del mundo aunque a veces no comparto la ideología ni la forma en que se hace: para mí es una manera de encontrar gente que piensa como yo.

Proyectos educativos en escuelas del barrio donde vivo, en Alamar.

En cambio, no me he sentido ciudadano/a si:

Pienso que estoy formando parte de algo y descubro que no es así.

Existe censura.

Ejerzo mi cuota de ciudadanía fuera de los espacios que están legitimados como formales y me imponen mecanismos de castigo y obediencia. Se reconoce solo el derecho a decir, pero no a ser tomado en cuenta.

No puedo convocar algo por mí mismo por justa que sea la causa.

Actúo porque a ello obliga el diseño institucional, aislado del resto de los ciudadanos/as. No tengo posibilidades de ejercer mis capacidades; me someto a la autocensura.

Dejo que otra instancia decida por mí qué hago y qué no puedo o debo hacer..

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Acerca de sentirjoven91

Comencé a soñar con el periodismo sin darme cuenta, cuando solo era un infante. Mi abuelo me abría las puertas de este mundo cuando pensaba realmente en ser maquinista de un tren. Estudio periodismo en la Universidad de La Habana, Cuba. Colaboro con el espacio informativo Mesa Redonda y Con el Sitio Cubadebate.
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