Crónicas de papel II: Pequeño… pero grande


ciro-bianchi en balancePor: Oscar Figueredo Reinaldo

Embriagado aún por los vestigios de historia que habían dejado en mí las palabras de tan connotado invitado y sin saber realmente que decir, me dispuse a agradecer en nombre de todos la presencia de tan importante personalidad.

La tarde había transcurrido de forma inverosímil, y por suerte para los allí presente, a causa de la conferencia interactiva del maestro don Ciro Bianchi.

El aula parecía más pequeña que nunca, los asientos habían asaltado los pasillos, y rostros nuevos se incorporaban a cada instante a la clase. Don Ciro, como le decían en la tele, sentado sobre un pupitre, y con la fidelísima presencia de su esposa, aventaba con fuerza el abanico de guano.

Las preguntas no se hicieron esperar; manos entusiastas, intranquilas, curiosas aguardaban impacientes el momento para intercambiar con el invitado. Cada pregunta resultaba valiosa, aprender de la experiencia de un hombre como este era tarea vital. Como dice mi abuelita, “el conocimiento nunca sobra”, y más, para aquel puñado de jóvenes que soñaban ser algún día como él.

No faltaron entonces las anécdotas personales, maravillosa fórmula para hacernos reír. Nos habló de sus inicios, de sus primeros trabajos, de cómo el periodista ha de llegar a la gente, de cómo nuestro oficio, devenido en carrera universitaria, ya no era, hace algún tiempo, “la profesión de los que se quedaron sin profesión”

Momentos para la reflexión también encontraron su espacio. En broma nos dijo que en la actualidad había muchos profesionales con títulos pero también muchos títulos sin profesionales. ¡Qué verdad aquella! ¡Que realidad tan penosa! ¡Que llamado tan elocuente para nosotros la futura generación de periodistas!

No logró escapar por un segundo de los temas históricos que a él lo fascinaban. Le brillaban los ojos, una sonrisa se dejaba ver en su rostro cuando alguien por curiosidad  le refería sobre el tema. Era una expresión única, parecía más bien a un niño cuando le daban una chupeta.

Y así paso el tiempo. Fue más bien un partido de fútbol histórico, donde no ganaba quien sabía más, sino el que mejor aprehendiera cada una de las lecciones del maestro.

Fueron noventa minutos de aventura, momentos insuperables ni por la más sofisticada máquina del tiempo.

Sintieron nuestros cuerpos el olor a Cuba de siglo pasado, el sabor criollo, el aire caribeño. Compartimos viajes con García Lorca, conocimos de revés lo que nunca nos han dicho de Grau o de José Miguel Gómez, percibimos el amor hacia Cuba y que a la Habana profesa este intelectual cubano.

Ahora rememoro con nostalgia los últimos minutos. Pienso en las preguntas que no hice, en los momentos que no atendí por ir al baño, en los instante que desestimé alguna de sus respuestas. Lamento que tan solo fuesen dos turnos. ¡Qué lejos nos quedamos de su récord y que ávidos nos quedamos de saber de aquel hombre pequeño de estatura pero grande de pensamiento!

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Acerca de sentirjoven91

Comencé a soñar con el periodismo sin darme cuenta, cuando solo era un infante. Mi abuelo me abría las puertas de este mundo cuando pensaba realmente en ser maquinista de un tren. Estudio periodismo en la Universidad de La Habana, Cuba. Colaboro con el espacio informativo Mesa Redonda y Con el Sitio Cubadebate.
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