Crónicas de Papel I: Soñar al Gabo


Por: Oscar Figueredo Reinaldo

Gabo

Sentado sobre el  mecedor, balanceaba con ánimos de niño su inquietante espíritu  de creador incansable. Ya pasaban  las dos de la tarde, y un aire liviano recorría cada extremo de aquel patio que guardaba cierta relación, con cada una de  las historias contadas mil veces por sus manos.

Una gran escalera al fondo recorría centímetro por centímetro  el naranjal del centro, en el cual colgaban pequeñas jaulillas de aves tricolores, que entonaban melodiosamente, una graciosa armonía que embriaga hasta el alma.

A su lado, el bastón de robles duros, que por hábito, más que por necesidad, habría de llevar a cualquier lado. De traje negro y corbata, zapatos puntiagudos y lustrados, brillantes cual candil,  mostraban al visitante su brío de galán.

Delante, la mesita de caobas, y encima la máquina antiquísima de los tiempos del cólera, la cual desafiaba de modo soberbio al tiempo implacable que no perdonaba otros cien años de soledad.

De estatura media, y ojos de soñador, de hablar tenue y pausado, de voz firme y segura, el patriarca en su otoño más cercano, me recibía en aquel mundo mágico e impredecible. Un mundo  que no creía en una muerte anunciada por sus contrarios y no veía la mala hora en que un cáncer sesgara para siempre la vida de aquel hombre que contó por Macondo, Doce cuentos Peregrinos.

Lo conocí un día de estos, no importa cuando. La notica de un secuestro nos había puesto tras la pista de la Viuda de Montiel. El era también periodista y buscaba ansioso las huellas que había dejado tras sí, el ahogado más hermoso del mundo, antes de despedir un día después del sábado a la Eréndira.

Impaciente y deseoso como niño travieso, lo esperé luego de una larga cola en el lobby de su hotel. Lo vi acercarse a lo lejos y parecía no más, que un señor muy viejo con unas alas enormes. Conversamos un rato, reímos otro poco, pero sin tiempos para más; el pacto sagrado del reencuentro buscó asilo, años más tarde, en el espacio concedido por momentos, al general en su laberinto.

(Ojalá que algún día esta crónica cobre vida y se haga realidad este sueño de periodista)

Anuncios

Acerca de sentirjoven91

Comencé a soñar con el periodismo sin darme cuenta, cuando solo era un infante. Mi abuelo me abría las puertas de este mundo cuando pensaba realmente en ser maquinista de un tren. Estudio periodismo en la Universidad de La Habana, Cuba. Colaboro con el espacio informativo Mesa Redonda y Con el Sitio Cubadebate.
Esta entrada fue publicada en Cultura, Especiales, Variedades y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s