Más alla de la guerra, el robo….


Por Oscar Figueredo Reinaldo

binesw culturales

Podría creerse que la destrucción casi total de los museos y sitios históricos ubicados en las regiones de conflictos armados es la única causa de la pérdida del patrimonio cultural, sin embargo la realidad ha demostrado que no es la única vía para su extinción.Las guerras en la región del Medio Oriente han provocado un aumento vertiginoso del apetito de miles de coleccionistas de obras de arte los cuales amparados en la despreocupación de los gobiernos imperantes han saqueado a su antojo miles de años de historia.

Se cree que buena parte del pillaje de yacimientos arqueológicos e instituciones culturales responde a móviles mercantiles.

El mercado negro de antigüedades es el tercero en volumen de negocios después del tráfico de armas y de droga sustentado por los miles de coleccionistas privados, para quienes además de una buena inversión, es un signo de distinción coleccionar y exhibir el botín del despojos.

Ante la mercantilización de los bienes patrimoniales  a finales de la década de 1960 se elaboró la Convención sobre las medidas que deben adoptarse para prohibir e impedir la importación, la exportación y la transferencia de propiedad ilícitas de bienes culturales, que fue adoptada por la UNESCO en 1970.

Sin embargo la situación se ha descontrolado totalmente.

En 1997 dos kylikes áticos que habían sido robados del Museo de Corinto en 1990 salieron a la venta en una importante casa de subastas de Nueva York como pertenecientes a un coleccionista privado estadounidense.

Aunque sean robadas, la mayoría de las antigüedades ilícitas, y en especial las que proceden de excavaciones clandestinas, escapan a la detección porque no fueron registradas en ningún inventario de museo o de excavación.

Caso curioso fue el ocurrido en Iraq después de la Guerra del Golfo, donde se estima que gracias a la crisis gubernamental  y económica que enfrentaba el país,para 1996 se habían expoliado más del 70 por ciento de los objetos del Museo Nacional del país.

Otro factor importante que acrecienta el tráfico de obras de arte es la anuencia mostrada no solo por el gobierno sino por las tropas invasoras como fue el caso descrito por el diario “The Guardian” durante la irrupción norteamericana a Iraq cuando expone:

“Los Estados Unidos podían muy fácilmente haber hecho más para evitar o detener el saqueo, los jefes militares americanos han rechazado una nueva petición desesperada de ayuda de oficiales del Museo de Irak; mientras que pone patrullas  del ejército a la puerta del Ministerio Nacional del Petróleo”.

Sin embargo las implicaciones entre la política  y el mercado de la cultura van más allá del inmovilismo o de la poca previsión ante hechos como estos.

El diario “Chicago Tribune” informó que nueve arqueólogos británicos sugirieron que despreocupándose del saqueo, la Administración de Bush estaba capitulando ante la presión de los coleccionistas privados que exigen que se permita el tráfico de tesoros nacionales en el mercado internacional.

El ejemplo de estos conflictos demuestra claramente que, cuando la autoridad central desaparece, la existencia de un mercado internacional intensifica el saqueo.

La ocasional recuperación o devolución  no puede ocultar el hecho de que en tiempo de guerra el dinero inyectado en el mercado por los coleccionistas occidentales no sólo alimenta la destrucción arqueológica, sino que también contribuye a financiar el conflicto, y por lo tanto a prolongarlo.

Ya desde el año 2000 comenzaron a sonar las alarmas ante el empuje del mercado negro,  ya que el flujo de artefactos fue celebrado en las galerías y subastas de Nueva York y capitales europeas en los años finales del siglo XX, nombrado este fenómeno como “la edad de oro del arte babilónico”.

Los precios en alza y una enorme cantidad de piezas “nuevas” en el mercado de antigüedades comenzaron a prevenir a los arqueólogos poco después de 1991. Algunas de esas piezas pasaron de las subastas a ciertos museos de Occidente, aun cuando su origen a menudo fuera dudoso.

Las razones que han impulsado la presencia de objetos robados en el mercado parecen ser dos. La primera es que los medios de destrucción son ahora mucho más poderosos. La segunda es que los avances tecnológicos también han abierto áreas que hasta hace poco no eran accesibles provocando un abaratamiento de los viajes internacionales y la erosión de las barreras políticas.

Esta nueva combinación de capacidad destructiva y comunicaciones fáciles se ha revelado desastrosa para el patrimonio arqueológico y cultural del mundo, y parece que ya no hay yacimiento o museo que pueda verse libre de las atenciones de los bandidos arqueológicos.

Pero esta calamidad no es un fenómeno puramente tecnológico, desligado de cualquier matriz sociocultural. El material robado necesita un mercado, y en este caso el mercado lo ponen los coleccionistas privados e institucionales que consideran los objetos arqueológicos o etnográficos como obras de arte, oportunidades de inversión o incluso decoraciones elegantes.

El problema tiene también un aspecto global, un desequilibrio, ya que el mercado –museos, coleccionistas y salas de subastas– se concentra en los países de Europa y Norteamérica, lo que se denomina países “de demanda”. Los países cuyo patrimonio cultural se encuentra en grave peligro de saqueo, los países llamados “fuente”, pertenecen en su mayoría al mundo en desarrollo, aunque tampoco estén a salvo la arqueología y la cultura de los propios países demandantes.

De acuerdo a un estudio de la División de Patrimonio Cultural de la UNESCO, las cifras generadas por las dos más grandes casas de subastas, Sotheby´sy Christie´sen lo súltimos 20 años fueron enormes. Entre los años 1979 y 1980, Sotheby´s, generó alrededor de 241.800.000 de libras esterlinas; en el período que va entre los años 1989 a 1990 estascifras crecieron en un 800 por ciento  hasta 1,6 billones de libras esterlinas.

La mayoría de estas ventas seefectuaron en Gran Bretaña, Estados Unidos y Suiza.Un estudio más reciente de la Comisión Europea de Bruselas estima que el mercadode arte ha aumentado en unos 8 mil millones de euros anuales

Según el investigador cubano Ramón Gonzáles Baró, del Centro Nacional de Conservación, Restauración y Museología existen varias razones que explican la expansión del mercado del arte en los países del norte.

“En Estados Unidos, un decenio de crecimiento económico sostenido ha impulso a la especulación con obras de arte. Por otro lado, las exposiciones organizadas por los museos han permitido descubrir culturas dejadas de lado: los coleccionistas son cada vez más numerosos, y su curiosidad se diversifica. En términos generales, está claro que el consumo cultural ocupa un lugar preponderante en la economía.”

El tráfico ilícito  del patrimonio genera, a mediano y largo plazo, la perdida de la cohesión social a raíz de la aniquilación de aquellos elementos identitarios, lo cual parece ser la estrategia definitiva para establecer los patrones de consumo y de producción fijados por el sistema capitalista.

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Acerca de sentirjoven91

Comencé a soñar con el periodismo sin darme cuenta, cuando solo era un infante. Mi abuelo me abría las puertas de este mundo cuando pensaba realmente en ser maquinista de un tren. Estudio periodismo en la Universidad de La Habana, Cuba. Colaboro con el espacio informativo Mesa Redonda y Con el Sitio Cubadebate.
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